jueves, 29 de abril de 2010
MEDIOS DE DIFUSIÓN Y PROPAGANDA POLÍTICA PERONISTA (1945-1955)
"Medios de Difusión y Propaganda Peronista" 1945-1955.
La creación de una identidad política.
"El peronismo se presentaba a sí mismo
de manera simultánea como una completa
y revolucionaria ruptura con el pasado
y como una fuerza conservadora
de los valores más tradicionales"
Mariano Plotkin
"Bustos y retratos de Juan y Eva Perón
fueron despedazados, los escudos partidarios destruidos,
los folletos y carteles, quemados".
Marcela Gené.
A partir del 17 de octubre de 1945, comenzó a construirse en la República Argentina una nueva fuerza política que luego consagró como presidente del país a Juan Domingo Perón el 24 de febrero de 1946.
Desde la paradigmática frase "Braden o Perón" en la campaña electoral, y luego en el gobierno, el peronismo construyó una profusa gama de símbolos. Desplegó un aparato publicitario y propagandístico que perseguía algunos objetivos bien definidos: además de evidenciar el nuevo rol de los trabajadores, del Estado y del partido, el gobierno de Perón se propuso construir una nueva identidad política que lo diferenciara de los partidos políticos tradicionales y de los sindicatos que lo precedieron, y a la vez difundir los logros y las realizaciones de su gobierno.
Fue así que entonces, se utilizaron todos los medios disponibles para concretar esos objetivos. Desde afiches y folletos de todo tipo, publicaciones partidarias, periódicos, libros de divulgación doctrinaria, revistas, fotografías y la radio, que seguramente fue el medio de mayor relevancia de la época (Perón supo utilizar la radio desde sus tiempos en la Secretaría de Estado y Previsión).
El cine, en pleno auge en las décadas del 40 y del 50 del siglo XX, no quedó exento (tanto en noticieros como en películas) de mensajes en los que podía visualizarse el nuevo rol del Estado. Numerosos artistas y personalidades de la cultura manifestaron por los distintos medios sus apoyos al gobierno.
En 1952 se inauguró la transmisión de televisión en la Argentina y la primera imagen fue la de Eva Perón. Pero este medio no alcanzaría su mayor grado de penetración cultural sino mucho después del derrocamiento del gobierno peronista en 1955.
Algunos de los detractores del peronismo quisieron ver en todo este andamiaje propagandístico un peligro para la libertad de pensamiento para quienes eran sometidos a semejante aparato ideológico. Por eso luego del derrocamiento de Perón fue sancionado un decreto, el 4161, que prohibió toda mención, en cualquier medio de comunicación, que recordara al "tirano depuesto". Se intentaba destruir todo vestigio del peronismo creyendo que con la prohibición, el silenciamiento y la proscripción podían anularse en el sentimiento y en las vivencias de un gran sector de la población los logros políticos, económicos y sociales de un gobierno.
Este proyecto intenta rescatar y poner de manifiesto una parte del patrimonio que no sólo pertenece a un Movimiento Nacional y Popular como es el peronismo, si no que ya es parte de la historia política del país y que se conservó gracias a quienes resistieron y persistieron en su preservación.
Contexto histórico. Marco Conceptual.
Los gobiernos fraudulentos que se sucedieron a partir del golpe de estado de 1930 que derrocó a Hipólito Yrigoyen, no se ocuparon de desarrollar algún tipo de política social y prácticamente no aportaron leyes laborales.
Durante los gobiernos de José Félix Uriburu (1930-1931), Agustín P. Justo (1931-1937), Roberto M. Ortíz (1937-1941) y Ramón S. Castillo (1941-1943), se desarrolló un incipiente proceso de industrialización por sustitución de importaciones que promovió a su vez un cambio en la conformación del movimiento obrero argentino. Verdaderas oleadas de trabajadores se movilizaron desde el interior de las provincias hacia los principales centros urbanos. Principalmente Buenos Aires y en menor medida Rosario en la provincia de Santa Fe, recibieron a los nuevos habitantes sin haber previsto infraestructura y condiciones mínimas que los contuvieran.
Las tendencias ideológicas predominantes en la dirigencia del movimiento obrero, esto es, socialismo, comunismo, anarquismo y sindicalismo no alcanzaban a expresar las ambiciones de los trabajadores provenientes del campo a quienes se podría catalogar como más conservadores a la hora de presentar sus demandas. Más negociador que combativo. Demandas y negociaciones que no eran satisfechas y que se acumulaban en ese colectivo social.
A partir de 1930 apareció otro fenómeno singular, reflejo de la crisis económica: "los barrios de emergencia", eufemismo de las conocidas villas miseria. En un principio se ubicaron en las cercanías de las terminales ferroviarias, luego se extendieron por distintas zonas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.
Frente al golpe militar que inauguró la "Década Infame", el movimiento obrero buscó caminos de unidad. Fue así que de la unión de la Confederación Obrera Argentina (COA), vinculada ideológicamente al Partido Socialista, y la Unión Sindical Argentina (USA), de tendencia sindicalista, surgió la Confederación General del Trabajo (CGT). La Federación Obrera Regional Argentina (FORA), de tendencia anarquista, se mantuvo al margen de esta unión.
La corriente sindicalista que dirigía la CGT fue perdiendo confiabilidad debido a sus acuerdos con los gobiernos del período, lo que facilitó el avance de las corrientes socialistas y comunistas. A esto se le sumó el hecho de que los "nuevos" trabajadores, llegados en las migraciones internas, no se sintieron interpretados por las ideologías dominantes. Estos nuevos y algunos de los viejos sectores terminarán confluyendo en la década del 40 con el advenimiento del peronismo.
El 4 de junio de 1943 se produjo un nuevo golpe de estado, pero que esta vez terminó con uno de los períodos más nefastos de la historia política argentina. La revolución fue ideada por una logia creada dentro de las filas del ejército: el Grupo de Oficiales Unidos (GOU). Dentro de este grupo se destacaba la personalidad de quien algunos autores aseguran era su ideólogo: el coronel Juan Domingo Perón.
Luego de unos primeros días de confusión, el nuevo gobierno fue presidido por el general Pedro Pablo Ramírez y como vicepresidente el general Edelmiro J. Farrell. El coronel Perón, en octubre de 1943, se hizo cargo del Departamento de Nacional del Trabajo, que luego fue convertido en Secretaría Nacional de Trabajo y Previsión.
Desde este puesto el coronel Perón inició su extraordinaria acción política. Su tarea fue práctica: puso en vigencia las pocas leyes laborales existentes y eso le permitió ganarse el apoyo de vastos sectores de la clase trabajadora. Además fueron creados los Tribunales Laborales e impulsados los Convenios Colectivos de Trabajo, base de las negociaciones de las condiciones laborales y de los salarios. Se promulgaron leyes jubilatorias para todos los gremios, fueron decretadas vacaciones pagas y el aguinaldo. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión el coronel Perón sancionó el "Estatuto del Peón Rural", primera legislación protectora de los derechos del trabajador del campo.
En la difusión de estas medidas, la radio tuvo un rol central. Perón utilizaba la cadena nacional para transmitir las reformas sociales que gestaba. Numerosos discursos quedaron registrados, lo mismo que filmaciones que se difundían en los noticieros que se emitían en las salas cinematográficas. Si bien estas eran las tecnologías de mayor alcance por su masividad, no perdió vigencia la "imagen fija" exhibida en el espacio urbano. Los afiches y los folletos de producción estatal complementaban la propaganda basada en los recursos visuales y auditivos. La campaña que mayor difusión alcanzó fue la que se inició a instancias de la Secretaría de Trabajo y Previsión para recaudar fondos para los damnificados por el terremoto ocurrido en San Juan. Los más famosos y reconocidos artistas cinematográficos y radiales prestaron su apoyo y sin dudas el beneficiario político fue el mismo Perón. El historiador Fermín Chávez cuenta que Perón encargó la confección de un escudo "para una nueva fuerza política que estaba naciendo a un fabricante de medallas y trofeos. Angel Guzmán tenía uno registrado desde 1943 y se lo ofreció a Perón. Es el escudo peronista que circuló desde 1946 y "que simboliza la ayuda del fuerte al desvalido".
Si bien las medidas adoptadas por Perón en materia de legislación laboral fueron duramente criticadas por los sectores conservadores y tradicionales en el manejo de la política del país, el apoyo y la popularidad que alcanzó Perón entre la clase trabajadora fueron incuestionables.
El diario socialista La Vanguardia fue el órgano partidario que más criticó y satirizó el meteórico ascenso político de Perón. Las caricaturas que lo tenían como protagonista ridiculizaban su accionar y hasta sospechaba del pasado de la que sería su futura esposa la actriz de radioteatros Eva Duarte.
Frente al apoyo y la popularidad crecieron los cuestionamientos y las presiones de la oposición en lo que llamaron la "Marcha de la Constitución y la Libertad". La alta sociedad porteña y los partidos políticos tradicionales reunidos en la Unión Democrática reclamaban la entrega del gobierno a la Corte Suprema, elecciones y la renuncia de Perón.
Algunos sectores del ejército cedieron y Perón fue obligado a renunciar. Detenido fue trasladado a la isla Martín García. Entonces, los sindicatos y la C.G.T. convocaron a sus afiliados a concentrarse en la Plaza de Mayo para reclamar la libertad y el regreso de Perón.
El 17 de octubre de 1945 marcó un quiebre en la historia política argentina cuando miles de trabajadores provenientes del Gran Buenos Aires llegaron a la Plaza de Mayo. Y no se movieron de allí hasta que Perón fue liberado y apareció en un balcón de la Casa Rosada. Allí comenzó a cimentarse una nueva identidad política y una relación que se mantendría por mucho tiempo, en lo que se denominó el "Día de la Lealtad" entre el líder nacido y un pueblo simbolizado por un obrero del suburbio y mal vestido que la prensa opositora calificó de descamisado. Estos elementos serán reproducidos por la iconografía peronista más allá aun de la década gobernante. El Día de la Lealtad, el Descamisado y el Líder se mantuvieron vivos como recuerdo de la epopeya fundacional del movimiento peronista. Para Plotkin el Descamisado es la imagen de la ruptura y al mismo tiempo de la continuidad con la historia nacional, el descamisado se erigía imaginariamente en heredero de aquellos otros héroes anónimos de la gesta emancipadora de 1810. En ese sentido Gené dice: "devino en ícono del triunfo popular y en una de las imágenes más poderosas de la Argentina contemporánea: la del héroe positivo y romántico, que amparado que amparado en la bandera argentina signaba el fin del pasado oligárquico y anunciaba el advenimiento de un nuevo orden, guiando al pueblo hacia el destino de grandeza señalado por el Líder cautivo".
El sector del ejército, opositor a Perón, se retiró a los cuarteles y el gobierno lanzó su convocatoria a elecciones. Los sindicatos que apoyaban a Perón y habían contribuido a su liberación, crearon el Partido Laborista nombrando a Perón como su candidato a presidente para las elecciones de febrero de 1946.
Para enfrentar a Perón, la Unión Democrática se integró con la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Demócrata Progresista, el Partido Comunista y sectores conservadores. Todos bajos los auspicios del embajador de los EE.UU, Spruille Braden, la Sociedad Rural, La Bolsa de Comercio y la Unión Industrial. Perón, además de los sindicatos, recibió el apoyo de sectores militares, de la Iglesia Católica, de un sector escindido de la Unión Cívica Radical y de integrantes de F.O.R.J.A.
La campaña electoral tuvo un despliegue apresurado por los tiempos y por los recursos sobre todo en las filas Laboristas. El apoyo popular estaba pero no se podía competir con la maquinaria y la tradición de partidos con el Radical o el Socialista. El peronismo comenzaba a organizarse y a crear símbolos identitarios que hoy nos parecen juzgarlos eternos, pero no lo eran en ese momento. Cuenta Leopoldo Marechal que dijo Perón: "pónganme a mí en la punta de un palo y úsenme como afiche".
Perón salió a recorrer el país en tren y su mayor aliado fueron la radio, las imágenes pintadas en la vía pública que hoy llamaríamos gigantografías y las pintadas callejeras de sus seguidores. Pero el mejor recurso propagandístico se lo brindó la propia oposición. Dos semanas antes de las elecciones la embajada de los Estados Unidos dio a conocer lo que llamaron el "Libro Azul". El documento acusaba a Perón y al gobierno al que había pertenecido de colaborar con el nazismo y acusaciones para la CGT. Perón entendió el juego y sacó provecho de una propaganda basada en ataques a su persona. Entonces, presentó los comicios como una opción entre él y el embajador norteamericano. De la frase "Braden o Perón" era fácil deducir quien apoyaba a la oligarquía y a la Unión Democrática y pretendía destruir a Perón y a la revolución social que éste proponía. Las fajas "Braden o Perón" inundaron los muros, como slogan que todo publicista sueña para una campaña, resumía una idea y una orden a la hora de votar.
El 24 de febrero se realizaron las primeras elecciones sin fraude en muchos años. La fórmula Perón –Quijano se impuso por sobre la de Tamborini –Mosca.
El 4 de junio de 1946 Juan Domingo Peón asumió la presidencia de la Nación. La fecha elegida para la asunción tenía como antecedente la revolución de 1943, es decir que una nueva fecha se incorporaba al imaginario que se comenzaba a construir. Como ya se dijo, el 17 de octubre se vuelve central en esa construcción lo mismo que la resignificación que se le dará al primero de mayo. Cada año el 17 de octubre se realizaba una verdadera fiesta de despliegue escenográfico y de movilización popular para reafirmar el vínculo entre el líder y su pueblo. Lo mismo ocurría con el Primero de Mayo pero en este caso lo que siempre había sido un día de protesta tanto para anarquistas como socialistas, el peronismo lo redefinió como día de algarabía popular. Es que el peronismo en la construcción de esa nueva identidad política marcaba claramente la contraposición ayer/hoy. Y en todas esas fechas el rol del trabajador y la figura de Perón son excluyentes en todas las representaciones que se hicieron durante la década peronista. Numerosas imágenes dan cuenta de esta construcción. Los afiches, las ilustraciones aparecidas en los periódicos, publicaciones oficiales y las filmaciones reproducidas en noticieros muestran como constante el cambio que significó "El Día del Trabajador" a "Fiesta del Trabajo", es decir, de "día de protesta" a "día de fiesta".
En cuanto a la representación que se hacía del trabajador era abarcativa a todo el universo del trabajo. Como se dijo el descamisado fue la figura central como custodio de los logros obtenidos, ícono de la creación del peronismo; rompiendo cadenas con el pasado de oprobio. El texto de un afiche resume la idea: "El obrero: "ayer oprimido, hoy dignificado". El hombre abandonó su expresión sufriente a favor del trabajador igualmente exhausto pero heroico fuerte y orgulloso.
La política del gobierno se abrió en varios frentes. El trabajador es el pilar de la producción y se ve dignificado cuando se materializaron sus derechos. Ese sector que se convirtió en la base social y destinatario de la gestión de gobierno, se sintió motivado hacia la sindicalización con la legalización de los derechos del trabajador.
Al cumplirse un año del triunfo electoral Perón proclamó los "Derechos del Trabajador" que luego serían incorporados a la Constitución de 1949. Los festejos del 1º de mayo de 1948 los tendrían como leit motiv. El acto se realizó en la avenida 9 de julio y Moreno y diez carrozas desfilaron decoradas con alegorías de los "derechos."
Pero el descamisado, en tanto obrero industrial, no era el único objeto de representación ya que no era el único trabajador amparado por las políticas del estado. El peón de campo era también un trabajador amparado por la Justicia Social. Era símbolo de la argentinidad ya consensuado desde la década de 1930 y continuando con la antinomia ayer/hoy, el peón rural será mostrado manejando tractores o desempeñándose en modernos establecimientos, es decir modernizado y trabajando de manera más cómoda. En la iconografía peronista el trabajador se ve representado en toda su dimensión temporal. Pasado, Presente y Futuro se muestran en el anciano que también es dignificado por la Justicia Social, el trabajador en actividad y los niños como beneficiarios del futuro de grandeza que se preparaba. No quedaría excluida de toda esta representación ni la mujer ni la familia. Todas estas representaciones se fueron adaptando a las circunstancias por las que atravesaba el país y a partir de 1950 se enfatizó en la relación de lealtad entre los trabajadores y los líderes.
Otro de los frentes que abrió el gobierno peronista fue el relacionado con el rol del Estado. El Estado Liberal había concluido con el golpe de estado de 1930 cuando los gobiernos conservadores le dieron al Estado un protagonismo intervencionista y empresario a favor de los sectores oligárquicos y concentrados de la economía. El gobierno de Perón profundizó y amplió las funciones del Estado con el objetivo de crear un mercado interno y aumentar el consumo. Para eso, se promovió el desarrollo de la industria liviana, dadas las condiciones de posguerra, lo que permitía utilizar la abundante mano de obra y evitar así el desempleo. Entonces, el Estado Peronista debe incluirse dentro de la corriente política mundial denominada Estado Benefactor. Corriente inspirada en los postulados del economista J.M. Keynes, mas la incorporación de elementos del socialismo y del fascismo italiano.
Entre las medidas implementadas por el Estado Peronista se destacaron la nacionalización del Banco Central y la creación del Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI). La función del IAPI era la compra de la totalidad de las cosechas a los productores nacionales a precios superiores a los del mercado local y su venta al exterior. La diferencia obtenida era reinvertida en créditos para la producción.
El gobierno de Perón desarrolló un vasto plan de estatizaciones y de estímulo a la industrialización. La novedad residía en la planificación de la economía a mediano plazo. El soporte en el que se establecieron esas políticas fue el "Primer Plan Quinquenal". En ese marco teórico –práctico, fueron estatizados, en 1947, los ferrocarriles ("representado por la propaganda peronista como un triunfo de la soberanía nacional y se convirtió en una fiesta"), la empresa telefónica ITT; fueron creadas las empresas Gas del Estado y en 1950 Aerolíneas Argentinas.
La protección del Estado alcanzó a las industrias proveedoras del mercado interno y gracias al nivel de consumo alcanzado por los trabajadores, proliferaron las fábricas de heladeras, cocinas, lavarropas y motocicletas.
La política de obras públicas dinamizó la industria de la construcción que registró un desarrollo notable sobre todo por los planes de vivienda implementados en el Primer Plan Quinquenal. Como consecuencia de esta política aumentaron significativamente la cantidad de propietarios. El sueño siempre postergado de la clase trabajadora de la casa propia se hacía realidad. La socióloga Susana Torrado dice en ese sentido: "En términos de niveles de vida, durante esta etapa se constatan progresos en los tres principales sectores del bienestar. Así, en el área de la salud, la esperanza de vida alcanza niveles y ritmos que colocaban a la Argentina en situación muy favorable respecto del conjunto de naciones de América Latina y aun respecto de varios países europeos. En lo que concierne a la vivienda, todos los indicadores observables llevan a concluir que la situación habitacional urbana experimentó algunas mejoras entre 1947 y 1960, una tendencia singularmente distinta a la que habría de verificarse en el futuro. En fin, en o que respecta a educación, durante 1947–1955 se completa la incorporación de la población a la enseñanza primaria y se avanza notablemente en la escolarización secundaria y superior".
Durante el gobierno peronista, el organismo encargado de la producción y distribución de la propaganda oficial fue la Subsecretaría de Informaciones (SI) que había sido creada en 1943. Un área de la SI, la Dirección General de Propaganda estaba a cargo de la gráfica y otra área, la Dirección de Espectáculos Públicos sería la encargada de la cinematografía. Debido a la magnitud de los recursos dispuestos y a la calidad y cantidad de producción, el cine fue dejando a un rol secundario a la publicidad en la vía pública. En 1949 fue designado al frente de la SI Raúl Apold, quien ya en 1946 dirigía el noticiero Sucesos Argentinos y realizó el primer corto documental del gobierno: El Primer Plan Quinquenal. La exhibición de los noticieros era obligatoria en todas las salas cinematográficas desde 1943. Además de Sucesos se proyectaban el noticiero Emelco y el Noticiero Panamericano de la empresa Argentina Sono Film y la provincia de Buenos Aires comenzaba a producir su Noticiario Bonaerense.
A partir de 1946 estos noticieros comenzaron a recibir subvención estatal, convirtiéndose en agencias informativas estatales. La propaganda fílmica estatal con un tipo particular e innovador de film para difusión, es lo que Marcela Gené denomina "cortos de argumento". Para Apold los "cortos cinematográficos ofrecían posibilidades ilimitadas" de "injertar motivos difusores", los "cortos "no razonan; presentan el hecho desde una perspectiva emocional, sintetizándolo y no razonando sobre su desarrollo total. Entonces el cine se presentaba como el medio más moderno y versátil para desarrollar tácticas publicitarias en las que se podía conjugar información, sensibilidad y entretenimiento. En este sentido el espectador deja de ser un receptor pasivo de las crónicas oficiales y se siente participante activo del proceso transformador.
El eje de estos nuevos documentales será siempre la difusión de la obra de gobierno articulando el género documental tradicional con los géneros cinematográficos más populares: la comedia y el melodrama. La ficción generalmente interpretada por actores y actrices de reconocimiento popular funcionaba como hilo conductor del relato montado de escenas de documentales o noticieros. En estas producciones se repite el esquema ayer/hoy, exaltando el contraste entre un pasado de penurias y un presente de bienestar. La lista de filmes realizados en el período es abundante. Algunos de los títulos son: La ciudad frente al río (Enrico Gras, 1950); ¡Ya son argentinos! (Emelco, Sucesos,1948); Su obra de amor (Carlos Borcosque, 1953); De la Nueva Argentina Justicialista (1950); Para todos los hombres del mundo (Sucesos, 1948) ; Justicia Social (realidad argentina) (ASF, Not. Pan. s/f) Obras del Plan Quinquenal (Sucesos, 1947); Orgullo de ser un pueblo soberano (Empa, 1953); El Pueblo con Perón (Empa, 1953); Los agrarios con Perón (Empa, 1953); La payada del tiempo nuevo (los 1.500 días de la argentina peronista) (Ralph Pappier, 1950) que entono gauchesco mostraba el contraste de los logros de la argentina peronista con el pasado con interpretaciones de Agustín Irusta y Enrique Muiño; Ayer y hoy; el día de una obrera (Ralph Pappier, 1950); Cuando la plata se hizo argentina (Alberto Soria, 1952); Nuestro Hogar. Segundo Plan Quinquenal (R. García Ibáñez, M Sóffici, Antonio Cunill, s/F) Ahora soy un más (Giannella-Soria, S/f); La mujer puede y debe votar (ASF, 1951) sobre el debate parlamentario y la sanción del voto femenino; Canto de fe (Alberto Wehner, 1951); Soñemos (Amadori, 1951) muestra la Ciudad Infantil; Mejor que prometer es realizar (ASF, Noticiero Panamericano, s/f).
En 1950 la SI le encomendó a la Editorial Peuser una obra de carácter monumental llamada La Nación Argentina Justa Libre y Soberana. Decimos monumental no solo por sus dimensiones (27x36x7) y por la cantidad de páginas (800), el escudo argentino en relieve en su tapa carboneé, sino por la calidad de sus ilustraciones, la claridad de conceptos y los datos estadísticos. Obras de infraestructura como puertos, centrales hidroeléctricas, redes camineras, ampliación de de la red ferroviaria, las nacionalizaciones de los servicios públicos, los planes de viviendas, las escuelas construidas y por construir, los hospitales, el servicio de turismo social con los hoteles y la capacidad de albergue, los logros en materia salarial y de asistencia social para los ancianos y niños, la conquista del tiempo libre y el esparcimiento, la obra de la Fundación Eva Perón, el aumento de la capacidad productiva del país y su correlato en el comercio y el consumo, detalles de todas las provincias argentinas. Son solo algunos de los temas que muestra esta magnífica publicación.
La política social llevada a cabo por el gobierno peronista venía a cubrir las demandas insatisfechas. Desde las tribunas políticas se había proclamado la Justicia Social, pero recién con la llegada de Perón al poder comenzó a efectivizarse y el peronismo convirtió ese postulado, junto con la Independencia Económica y la Soberanía Política, en fundantes del movimiento político que luego se llamaría Justicialismo.
Eva Perón se transformó en el nexo entre el líder y el pueblo. Innumerable cantidad de afiches y fotografías dan cuenta de esa relación. El contacto directo con el pueblo en los actos políticos tomando la palabra y arengando, en sus jornadas de atención en la Fundación y a través de emisiones radiales y filmaciones.
La acción social justicialista se orientó hacia la redistribución del ingreso
(los obreros alcanzaron la mayor participación de la historia en el PBI) y en los beneficios otorgados por medio del salario indirecto. Esto se logró en la extensión de la red de seguridad social, la educación y la atención materna infantil. La encargada de llevar adelante las obras para cubrir las necesidades de la clase trabajadora fue la Fundación Eva Perón. La esposa del presidente encaró por medio de ese organismo obras como hospitales, escuelas, hogares de tránsito para madres solteras, comedores escolares, hogares de ancianos, campañas de vacunación, colonias de vacaciones para niños, campeonatos de fútbol infantil, por medio de los cuales se obtenían fichas y ase elaboraban planes de atención médica.
La Fundación Eva Perón creó una escuela de enfermería que, a instancias del ministro Ramón Carrillo, proveyó de personal capacitado a los hospitales de todo el país. En los Hogares (de Tránsito, de la Empleada, Escuelas, de Ancianos, de Madres Solteras) el rol de la enfermera es fundamental. Es el equivalente femenino del trabajador industrial. Esto se puede enmarcar en la redefinición que hace el peronismo del rol de la mujer en la sociedad. La mujer, antes ama de casa, se constituye en "trabajadora" aun en el seno de su hogar, ya que se convertía en maestra de sus hijos formando generaciones de nuevos peronistas. Y si se volcaba a la práctica política, fomentada desde la figura de Eva y la constitución del Partido Peronista Femenino, no presentaba contradicción pues el rol asistencial podía combinarse perfectamente con las tareas domésticas. Además el peronismo a través de las Unidades Básicas y en El Hogar de la Empleada se dictaban cursos de capacitación para las mujeres como por ejemplo el de corte y confección. La familia fue eje de las representaciones en la difusión de los planes de construcción viviendas, en la difusión del Turismo Social, y en el conjunto de afiches y publicaciones acerca de los derechos alcanzados.
En 1946 Eva Perón conformó una "Comisión pro- Voto Femenino" en apoyo de una ley que incorporara a la mujer a la vida política activa. Y que había sido uno de los compromisos en la campaña electoral de Perón. El rol desempeñado por Eva y el resultado fueron presentados como un logro personal, lo que consolidó su figura dentro del movimiento justicialista. Para Eva, la radio era su ámbito natural por lo tanto utilizó ese medio para difundir la importancia del voto femenino. En el ciclo radial La mujer debe votar, Eva protagonizó las que se denominaron "clases magistrales" en las que difundían y aclaraban aspectos que podían resultar confusos para una población/auditorio de niveles de instrucción heterogéneo y disperso en todo el país. El "corto argumental" La mujer puede y debe votar combinó el testimonio documental con la dramatización instructiva en un claro ejemplo de labor pedagógica.
En 1947 el Congreso Nacional promulgó la Ley 13010 de Voto Femenino y el gobierno por medio de Eva lo difundió por radio de esta manera: "Mujeres de mi patria, recibo en este instante, de manos del gobierno de la Nación, la ley que consagra nuestros derechos cívicos y la recibo ante vosotras con la certeza de que lo hago en nombre y representación de todas las mujeres argentinas, sintiendo jubilosamente que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria".
En 1949 fue sancionada la nueva constitución en la que se incorporaron los derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad, de la educación popular. Todas las fuentes de energía fueron declaradas bienes de la nación y el Estado pasó a ser el prestador de todos los servicios públicos.
En 1951, Eva Perón fue propuesta por la CGT como candidata a vicepresidenta de la Nación en un multitudinario acto frente al edificio del Ministerio de Obras Públicas en la avenida 9 de julio y Moreno.
Acto que quedó registrado para los noticieros como Cabildo Abierto del Justicialismo (22/8/1951, SI). Pero las presiones de militares y grupos opositores desembocaron en su "renunciamiento".
El acto del Día de la Lealtad de 1951 estuvo dedicado a Eva Perón. Juan Perón le entregó la Medalla de la Lealtad, las cámaras de los noticieros registraron el abrazo contenedor y por los receptores se escuchaba una voz que mostraba los efectos de la enfermedad: "Compañeros, quiero comunicar al pueblo argentino mi decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor con que los trabajadores y el pueblo de mi patria quisieron honrarme en el histórico Cabildo Abierto del 22 de agosto". Argentina Sono Film producía el documental Por el restablecimiento de Eva Perón (1951).
Entonces se repitió la fórmula Perón-Quijano y por radio se escuchaban slogans en la voz de un reconocido locutor y compositor: Roberto Sciammarella que repetía:
"Para mayores conquistas y para bien de la Nación,
apoyemos a Perón votando a los peronistas.
Vote peronismo para el bien de la patria y usted mismo.
Trilogía de la lista de Perón: Lealtad, Honradez y Corazón.
Basta ya del político egoísta, la ley del bien común es peronista.
La justicia social vivía ausente, hoy gracias a Perón está presente.
Las mejores listas son las peronistas.
Todos los obreros y empleados, fueron por Perón reivindicados.
Perón conquistó la Justicia Social, Perón cumplirá con el Plan Quinquenal. Para continuar con la obra progresista, vote por los peronistas."
Es difícil comprobar si estos versos y esas forzadas rimas contribuyeron al triunfo electoral de Perón, lo cierto es que nada se dejaba librado al azar a la hora de hacer propaganda política.
La muerte de Eva Perón fue un golpe que el gobierno sintió y que la oposición aprovechó para marcar las debilidades de un modelo político económico que enfrentaba no pocas adversidades.
Como no podía ser de otra manera, la muerte de Eva Perón fue anunciada por radio en cadena nacional: "Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República, que a las 20 y 25 horas, ha fallecido la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación".
La Subsecretaría de Informaciones produjo dos documentales sobre las exequias de Eva Perón, uno de ellos, "Evita Inmortal" (1952), dirigido por Carlos Borcosque, quien también realizó un documental sobre de la Fundación Eva Perón: "Su obra de Amor" (1953) en un recorrido por las realizaciones en episodios que combinan el registro documental con escenas de ficción.
"Y la Argentina detuvo su corazón" (1952), es otro documental de la SI que reseña la vida de Eva Perón y su paso por la residencia presidencial donde falleció.
La oposición también tuvo su lugar en las publicaciones del peronismo pero no ocupaban un lugar central en las preocupaciones del gobierno. En la revista Mundo Peronista se publicaban dos tiras cómicas Mr. Whisky and Soda y Don Cangrejo. Con el humor alcanzaba para hablar de los oligarcas y los contras tan mencionados por Perón y por Eva en sus discursos pero evidentemente omitidos en las publicaciones para acentuar la concepción de armonía social que proponía el peronismo.
Pero sin dudas las referencias de mayor alcance popular y destacado ingenio fueron las intervenciones radiales de uno de los más grandes poetas del tango: Enrique Santos Discépolo. Con su personaje "Mordisquito" lanzaba sus ironías contra un opositor imaginario que en momentos de crisis se preocupaba por banalidades y no valoraba los logros obtenidos: "Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de náufrago a financista sin bajarte del bote. Vos, si vos, que ya estabas acostumbrado a saber que tu patria era la factoría de alguien y te encontraste con el regalo de una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado. ¡Pero con el sobretodo te quedaste! Entonces ¿qué me vas a contar a mi? ¿A quién le llevás la contra? Antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Y protestás. ¿Y por qué protestás? ¡Ah no hay té de Ceylán! Eso es tremendo. Mirá que problema. Leche hay. Leche sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la nata por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta. ¡Pero no hay té de Ceylán! _Y según vos, no se puede vivir sin té de Ceylán. Te pasaste la vida tomando mate cocido, pero ahora me planteás un problema de estado porque no hay té de Ceylán. Claro, ahora la flota es tuya, ahora los teléfonos son tuyos, ahora los ferrocarriles son tuyos, ahora el gas es tuyo, pero...¿no hay té de Ceylán!..:"
El conjunto de políticas aplicadas por el peronismo generó la oposición de algunos sectores del ejército, la jerarquía de la Iglesia Católica, la Sociedad Rural y de componentes de las clases medias y altas que no aceptaban que la clase trabajadora ocupara los puestos de poder que siempre habían sido reservados para ellos. Fue así que el accionar opositor aumentó la conflictiva relación que ya tenía con el gobierno. Varios fueron los ensayos por derrocar a Perón. El primer intento golpista fue el 28 de septiembre de 1951. El objetivo de los militares sublevados era impedir que Perón accediera a un segundo mandato presidencial. El golpe fracasó y sus líderes encarcelados.
La Iglesia Católica, que hasta 1954 había apoyado al gobierno de Perón, se sumó a las voces opositoras. Es que la acción social llevada adelante por la Fundación Eva Perón y la politización de la juventud con la creación de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) no fueron bien toleradas por la institución religiosa. La relación se quebró cuando la Acción Católica auspició marchas antigubernamentales. El gobierno respondió sancionando la Ley de Divorcio y la legalización de los prostíbulos. El 11 de junio de 1955 la procesión de Corpus Christi resultó una manifestación opositora. El criminal bombardeo de la Plaza de Mayo del 16 de junio marcaría el comienzo del fin del gobierno. Las escenas quedaron registradas por varias cámaras y el gobierno las difundió por los medios habituales pero ya no le quedaba mucho tiempo como para revertir el proceso golpista. Llamativamente las mismas imágenes serían utilizadas por la dictadura de Aramburu en clave de justificación del atentado que tenía como objetivo matar a Perón y que produjo más de 300 muerto y 2000 heridos.
El 16 de septiembre, el alzamiento armado apoyado por la mayoría de los partidos políticos opositores, la Iglesia Católica, la Sociedad Rural, las Cámaras Empresarias, la banca extranjera y la embajada de EE.UU, concretó un nuevo golpe de estado.
"En 1955 el furor iconoclasta de la Revolución Libertadora arrasó con los símbolos y las imágenes del peronismo, intentando borrar de la memoria colectiva todo vestigio que evocara el régimen depuesto".
Así lo establecía el recordado decreto 4161 de la dictadura:
"Art. 1- Queda prohibida en todo el territorio de la Nación: La utilización, con fines de afirmación ideológica peronista, efectuada públicamente o de propaganda peronista, por cualquier persona, ya se trate de individuos aislados políticos, grupos de individuos, asociaciones, sindicatos, partidos políticos, sociedades, personas jurídicas, públicas o privadas, de la imágenes, símbolos, expresiones significativas, doctrinas y obras artísticas, que pretendan tal carácter o pudieran ser tenidas por alguien como tales, pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo. Se considerará especialmente violatoria de esta disposición la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones peronismo, peronista, justicialismo, justicialista, tercera posición, la abreviatura P.P, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales denominadas Marcha Peronista y Evita Capitana o fragmentos de las mismas, la obra La Razón de mi Vida, o fragmentos de la misma, y los discursos del presidente depuesto y de su esposa o fragmentos de los mismos".
Las persecuciones, los fusilamientos y las proscripciones intentarían complementar la acción liberadora de estos paladines de la libertad que creían que con estas medidas iban a anular 10 años de realizaciones y que habían quedado en la mayoría del pueblo trabajador en otros lugares más profundos de los que puede llegar una propaganda.
Todo bien, pero con la marchita, no se metan
Los Muchachos Peronistas, es otra muestra de apropiación y resignificación. En este caso una canción de una hinchada de fútbol con nueva letra.
Los muchachos peronistas
Todos unidos triunfaremos
Y como siempre daremos
Un grito de corazón
¿Viva Perón! ¿Viva Perón!
Por ese gran argentino
Que se supo conquistar
A la gran masa del pueblo
Combatiendo al capital.
Perón Perón que grande sos!
¿Mi general cuánto valés!
¿Perón Perón, gran conductor,
Sos el primer trabajador!
CONCLUSIÓN
El peronismo, en la década 1945-1955, a través de los mecanismos del Estado proyectó un discurso hegemónico en la necesidad de construir su autorepresentación. A través de la Subsecretaría de Informaciones centralizó todas las estrategias de difusión de la obra de gobierno. En lo que se refiere a creación visual el gobierno se apoyó en todos los mecanismos y recursos tecnológicos disponibles. Afiches, folletos, avisos de prensa y el cine. En ellos, el trabajador se convirtió en el icono peronista casi excluyente. Se lo presentó en sus tres variantes: descamisado, obrero industrial o rural y como hombre común en su marco familiar. La mujer aparece en la figura de la enfermera o como madre de familia. En la construcción de la nueva identidad política que fue el peronismo se utilizaron recursos sencillos como plantear la antinomia ayer/hoy y las tradiciones gráficas que circulaban en el país y en el ámbito internacional en esa época. El peronismo reformuló modelos visuales del socialismo y el anarquismo y por lo analizado se puede asegurar que se tenía bien en claro la función de toda la producción, esto es la comunicación. Y vaya si lo logró.
La planificación centralizada de la propaganda queda en evidencia con la profusa producción desarrollada por la Subsecretaría de Informaciones y emitida en las salas cinematográficas y en todo se destaca las directivas de Raúl Apold en la estética de los citados "cortos argumentales". La calidad y la variedad de temas abarcados exceden la intención de este trabajo pero sirve de sustento al planteo de la idea principal que es la construcción de una identidad política.
El cine comercial no fue incluido en el desarrollo temático debido a que en lo que podemos considerar la esfera del arte en general, el peronismo no tuvo una política activa, ni de apoyo ni de injerencia, salvo el hecho excepcional de la organización del Primer Festival Internacional de Mar del Plata en 1954. Pero si se desarrolló lo que se puede denominar un cine de contenido social con obras que indisimuladamente tocaban elementos cercanos a las políticas sociales del gobierno. Así lo pudimos observar en filmes como Las aguas bajan turbias (Hugo del Carril, 1952), Pasó en mi barrio (Mario Soffici, 1951), Los isleros (Lucas Demare, 1951) Dios se lo pague (Luis Cesar Amadori, 1948) y Mercado de Abasto (Lucas Demare, 1954) entre otros.
Entonces miles de imágenes circularon difundiendo un proceso que se consideraba revolucionario. La armonía social, la justicia y el bienestar no solo debían ser una realidad sino que además debían mostrarse y no podían faltar los realizadores de esa nueva Argentina: Perón y Evita.
Los opositores quisieron ver, entendemos que de manera forzada, en todo ese andamiaje propagandístico todo el repertorio del nazi-fascismo y una manera de ahogo al entendimiento del destinatario. Es verdad que en la propaganda peronista no hay espacio para la autocrítica o el disenso, pero de ahí al totalitarismo hay una gran distancia. Para lo primero basta con analizar las imágenes de otras corrientes de la época como las del socialismo soviético o del New. Deal. Para lo segundo es recomendable leer el decreto 4161 de la autodenominada Revolución Libertadora.
Todo el material mencionado en el trabajo existe, y puede consultarse, leerse, verlo, analizarlo. Es extenso, apasionante merecedor de profundización. Pero quizá lo más importante sea que resistió el paso del tiempo, las quemas, las persecuciones, las prohibiciones y las proscripciones. Y decimos resistió porque mucho de ese material fue guardado por quienes a partir de 1955 debieron soportar la misma suerte. Hoy está disponible y sigue siendo una fuente inagotable de discursos. Es patrimonio cultural y político de toda la sociedad. Merece ser difundido.
viernes, 26 de febrero de 2010
lunes, 7 de diciembre de 2009
La Hora de Los Hornos, la asunción de Cámpora y el regreso de Perón.
En la Argentina de mayo del 73, el horno, del que nos da cuenta Pino Solanas, hacía a rato que estaba para bollos. Es que parece que desde el golpe del 55 los bollos, los otros, los recibían siempre los mismos. Perón en el exilio y tratando siempre de volver. Juntando voluntades, para construir también se puede usar bosta, decía. El rosariazo, el cordobazo, el sindicalismo revolucionario y el otro, las organizaciones armadas, o guerrillas según sea el gusto por las denominaciones, habían preparado los ingredientes. El horno de Solanas, más que para hacer pastel de fresas, se me ocurre como el del alfarero. Existe una técnica milenaria japonesa, como no podía ser de otro modo, Raku, en la que el ceramista modela la arcilla, incorporando materiales, pigmentos, posibles colores, fundentes y algo de esperanza y azar. Esto último es porque las piezas se cuecen en un horno a leña de alta temperatura y según sea el impacto del calor sobre la pieza, variarán las tonalidades que adquirirá al enfriarse rápidamente en agua. Quiere decir que el artista no sabe de antemano o no puede establecer con certeza las características de su obra. Esta antojadiza analogía, como lo son todas, es la que me remonta a lo vivido en la Argentina del 73. No se si fue Perón el alfarero, o simplemente el que puso la pieza en el horno, o la realidad que siempre supera las expectativas.
En el triunfo de Cámpora y la vuelta de Perón a la Argentina estuvieron todas las manifestaciones de la política y la sociedad del país. y se expresaron. Casi dos décadas de dictaduras y gobiernos surgidos sobre la proscripción del peronismo, violencia institucionalizada, censuras, intervenciones a las universidades, fusilamientos y presos políticos, para no abundar.
Entonces ya no había ni tiempo ni ganas para la expectación o para la inocencia. Gran parte de la sociedad y sobre todo la juventud se sentía protagonista de algo que podía ocurrir y que se palpaba.
Decir que Perón era el que aunaba todas las expectativas tanto desde la derecha como de la izquierda, ya se ha dicho tanto que hasta Romero lo dice. Pero todo estaba allí. La patria socialista, la comunidad organizada, la liberación o la dependencia, la Argentina potencia, la ortodoxia, los burócratas, los militares, el antiimperialismo, bastante diferente al de 1945, el latinoamericanismo: descubrimiento de pertenecer a Latinoamérica, y la Revolución. Y para la Revolución es que Solanas filma La Hora de los Hornos. Surgía un cine que no estaba destinado a espectadores de cine. Y el autor define su obra como un acto. Un acto para la liberación, siguiendo aquello de Fanon que “todo espectador es un cobarde o un traidor”. Un episodio dentro de la lucha revolucionaria contra la dictadura. Entonces está destinada a activistas y combatientes y a través de ellos poder trascender a otros sectores de la sociedad. Su estética es de combate. Define claramente al enemigo. Y allí también se manifiesta esa mezcla de la que no se sabía que podía salir. Mezcla al peronismo, visto por los sectores de la izquierda ortodoxa como fascismo, con Sartre, con Lumumba, con Fidel Castro y Fanon. Termina dedicada al Che y se estrenó a pocos días de terminado el mayo francés. Los cubanos ya habían hecho su revolución, los vietnamitas por vencer al Imperio; Argelia a punto de estallar. Era demasiado como para no creer en la Revolución.
Encima, el discurso de Cámpora al asumir la presidencia y la Plaza llena, Salvador Allende, Dorticós, la JP , Montoneros, FAR, la inminente liberación de los presos políticos, lo reconocibles en los testimonios de “La Voluntad” y los anónimos que cantaron y se animaron a gritar “se van se van y nunca volverán”. Obregón Cano asumiendo la gobernación de Córdoba con Agustín Tosco en una tribuna llamando a la unidad por el socialismo. Vértigo y exceso que bajaría a la realidad o a cierta lógica del país que era, con López Rega en un ministerio y en los enfrentamientos con la burocracia sindical.
Y un día Perón volvió. Entonces Osinde, Ezeiza y la Masacre. Los sueños comenzaban a ahogarse.
Todo había entrado en el Horno, y la pieza tenía forma de Perón. Pero, como en el horno del alfarero, si no se controla la temperatura, o la combinación de ingredientes no es la correcta, la obra puede romperse, quebrarse, saltar en mil pedazos. En Raku esto no tiene mayores consecuencias. Prueba y error. En las sociedades las consecuencias de los errores suelen ser más trágicos. De una sociedad que tiraba flores al paso de la JP y después agradecía la llegada de Videla. De actores a espectadores nuevamente, o sea a cobardes o traidores.
viernes, 25 de septiembre de 2009
Los caudillos federales
En su agitada vida política cosechó admiradores, como así también poderosos enemigos. Sus seguidores lo llamaron “El Protector de los Pueblos Libres”. Fue el primer Jefe de los Orientales, el primer caudillo rioplatense y el primer estadista de la Revolución del Río de la Plata. Proclamó el federalismo, como único modelo de gobierno justo para las Provincias Unidas del Río de la Plata. Sus adversarios lo acusaron de anarquista y traidor; lo llamaron “gaucho criminal y tupamaro”, por sus luchas por la libertad, sus intentos por repartir la tierra entre los gauchos y campesinos desposeídos, su sed de justicia social y su resistencia a la corrupción. Murió en 1850 en Paraguay, y a su pedido fue enterrado con modestia. Seis años después sus cenizas fueron depositadas en el Panteón Nacional de Montevideo.
José Gervasio Artigas nació el 19 de Junio del 1764 en la ciudad de Montevideo, hijo de Martín José Artigas y Francisca Antonia Arnal, según la partida que surge del folio 209 del Libro Primero de Bautismos de la Catedral de Montevideo. Su abuelo, Juan Antonio Artigas, fue uno de los primeros pobladores de la ciudad. Estudió en el colegio franciscano de San Bernardino y luego se dedicó a las tareas rurales y al comercio de cueros.
En 1797 ingresó como soldado de caballería al Cuerpo de Blandengues. Esa unidad militar, del entonces virreinato, cumplía funciones de policía para combatir el robo de ganado y contrabando, y de vigilancia de la frontera con el Brasil. Cuando en 1806 se produjo la primera invasión de los ingleses a la región del Río de la plata, Artigas participó, como oficial de Blandengues, en la Reconquista de Buenos Aires y en la defensa de Montevideo bajo las órdenes del Santiago de Liniers.
En 1810 se desempeñaba como Capitán de ese cuerpo en Colonia del Sacramento, cuando se produjo en Buenos Aires la Revolución de Mayo. Consecuencia de esta Revolución fue el desalojo del virrey Cisneros y la instauración del Primer Gobierno Patrio. En febrero de 1811, el gobernador de Montevideo Javier de Elío fue nombrado virrey del Río de la Plata por la Junta de Regencia de Sevilla, fue entonces que declaró la guerra a la Junta de gobierno de Buenos Aires. En esas circunstancias el Capitán Artigas abandonó su puesto en la ciudad de Colonia y cruzó hacia Buenos Aires. Se presentó ante la Junta Grande, lo recibió el Deán Funes, a quien le pidió “ciento cincuenta pesos y ciento cincuenta sables para insurreccionar la Banda oriental contra los españoles”. Ya era el Jefe de los Orientales y el gobierno porteño lo nombró Teniente Coronel. En la Banda Oriental, los gauchos Pedro José Viera, Venancio Benavídez y Ramón Fernández, en la localidad de Asencio, dieron el grito de libertad del pueblo oriental que se preparaba para luchar a las órdenes de Artigas. Poco después, el Jefe oriental, provisto del dinero y las espadas, organizó el ejército que el 18 de mayo derrotó a los españoles en Las Piedras y el 21 puso sitio a Montevideo.
En Buenos Aires, el gobierno revolucionario y nacional fue sustituido por uno porteño y liberal: el Primer Triunvirato. Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso, formaban el gobierno; las ideas salían del secretario: Bernardino Rivadavia. Una llamada “Asamblea” completaba la mesa de autoridades, todos porteños de “clase decente”. Para ellos la revolución se reducía a sustituir la hegemonía de funcionarios españoles por una nueva: la de los porteños. Palabras como “provincias”, “pueblo”, e “independencia” sonaban extrañas para estos gobernantes.
Este primer sitio de Montevideo se levantó por un armisticio que negoció el embajador británico en Brasil, Lord Strangford, con el propósito de evitar que un ejército portugués que había invadido la Banda Oriental auxiliara a los españoles. El Primer Triunvirato se comprometía a retirar las tropas patriotas. Al mismo tiempo, este gobierno ordenó que todos los ejércitos abandonaran sus frentes de lucha para proteger a Buenos Aires de un posible ataque español. Esto significaba que el ejército del Norte debía descender por el camino del Perú (Jujuy, Salta, Tucumán, Córdoba) y estacionarse en las afueras de la Capital. El de la Banda Oriental, al mando de su Jefe, tenía que dejar el sitio de Montevideo, abandonando a los españoles toda la provincia y parte de Entre Ríos. Entonces, se suceden dos geniales y trascendentales desobediencias.
La primera de ellas ocurrió cuando Artigas, que se había opuesto al armisticio, intentó contener a los portugueses, que saqueaban la campaña oriental. Se dirigió a Entre Ríos para reorganizar sus fuerzas. Pero no fue solo. El Jefe no abandonó a su pueblo. Dio la orden y toda la provincia en masa emigró con él. Todo un pueblo que se manifestaba para afirmar su voluntad de independencia.
Artigas comenzó a marcar sus diferencias con el centralismo del Triunvirato al manifestar: “El gobierno de Buenos Aires abandona esta Banda a su opresor antiguo; pero ella enarbola a mis órdenes el estandarte conservador de la libertad. Síganme cuantos gusten, en la seguridad de que yo jamás cederé.”
Fueron hombres, mujeres, niños; blancos, negros, indios, siguiendo al caudillo que iba a enfrentar a los portugueses y a los españoles. lo siguieron en un éxodo de leyenda, con sus pocas pertenencias al hombro, en carretas y a lomo de animales. Artigas confiaba en quienes lo seguían: “Yo llegaré a mi destino con este pueblo de héroes ...”
Casi 500 kilómetros recorrieron hasta establecer campamento en la margen izquierda del río Uruguay, en Ayuí, a unos pocos kilómetros al sur de Concordia, provincia de Entre Ríos. “Acá está acampado un pueblo arrancado de sus raíces”, escribió desde Ayuí el general Vedia, quien había sido enviado para inspeccionar el Éxodo del pueblo oriental. El Triunvirato temía que Artigas se volviera contra Buenos Aires, por eso envió a uno de sus integrantes, Manuel de Sarratea, para reemplazarlo, desconociendo su autoridad en el mando de las tropas orientales.
Entre tanto, el Triunvirato sufría la segunda desobediencia a sus órdenes: el Ejército del Norte, que debía bajar a Buenos Aires, al mando de Manuel Belgrano tomó la decisión de plantarse, en su retirada, en la ciudad de Tucumán y presentarle batalla al ejército español. El 24 de septiembre de 1812 Belgrano logró un contundente triunfo que tuvo como consecuencia política, la caída del ineficaz Primer Triunvirato. El 8 de octubre lo reemplazó otro Triunvirato con la misión de convocar a una auténtica Asamblea Nacional, con representación de los pueblos del interior, y declarar la Independencia. Sarratea fue reemplazado por Rondeau al frente del ejército del Segundo Triunvirato y Artigas fue repuesto en su mando. Orientales y porteños se unieron para sitiar nuevamente Montevideo.
En Buenos Aires, el Segundo Triunvirato convocó a una Soberana Asamblea General Constituyente, que se conocería como Asamblea del año XIII.
Así mismo, desde Buenos Aires ordenaron a la Banda Oriental el reconocimiento de la Asamblea.
Artigas entendió que esa provincia debía estar representada y tal efecto convocó un Congreso Provincial en Peñarol, junto a los muros de Montevideo. Allí estuvieron representados los distintos pueblos y villas de la campaña oriental y los emigrados de la ciudad de Montevideo, aun en poder de los españoles. El Congreso Oriental designó los diputados a la Asamblea Nacional de Buenos Aires con instrucciones precisas de declarar la independencia absoluta de España, establecer un régimen federal de gobierno con capital fuera de Buenos Aires, dentro del sistema republicano de gobierno. Ese Congreso nombró a Artigas primer gobernador militar de la provincia Oriental. Ante ese honor expresó: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”.
En un nuevo intento por desestabilizar la posición de Artigas, el Congreso reunido en Buenos Aires, en un verdadero atropello a la voluntad popular, no reconoció los poderes que habilitaban a los diputados orientales, aduciendo errores “de forma”. Por eso Artigas escribió al gobierno diciendo que sus representantes “a la Asamblea Constituyente, sufren el desaire de la negativa con el pretexto de unos defectos absolutamente cuestionables, no influyendo en la esencia de los poderes que presentaron. La provincia Oriental empieza a sufrir los efectos de la provocación”, e instó al Ejecutivo central a entrar “al templo augusto de la Confederación”.
El Triunvirato desconoció la autoridad de Artigas y dispuso la realización de nuevas elecciones en la Provincia Oriental y bajo las órdenes de Rondeau fueron elegidos como “diputados orientales” dos porteños. No quedaba mucho por hacer para Artigas. Decepcionado, decidió abandonar el sitio a Montevideo y marchar sólo hacia el interior, por lo que fue declarado fuera de ley por Buenos Aires. Cuando la tropa se enteró, se fueron tras él unos 3.000 hombres que se instalaron junto al caudillo en un nuevo campamento a unos kilómetros al norte de Concordia. A fines de 1813, desde Buenos Aires, se organizó una flota bajo el mando del almirante Guillermo Brown. Así, en junio de1814, se consiguió que los españoles se rindieran y Montevideo pasó a manos de las fuerzas revolucionarias.
En Buenos Aires, había caído el Segundo Triunvirato y la Asamblea decidió la concentración del poder en una nueva figura: el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El primero en asumir el cargo fue Gervasio Posadas y una de las primeras decisiones que adoptó fue la de ponerle precio a la cabeza de José Gervasio de Artigas. Por medio de un bando, el 11 de febrero de 1814, Posadas declaró a Artigas “traidor a la Patria y fuera de la ley”. Ofrecía seis mil pesos por su cabeza, vivo o muerto. Luego la medida se hizo extensiva a los fieles compañeros del caudillo dando órdenes de que “hará fusilar dentro de pocas horas, dando cuenta, y hará lo mismo con los demás jefes de los sublevados si creyese necesario”.
La influencia de Artigas se extendió hacia el Litoral y el interior de las Provincias Unidas, regiones afectadas, al igual que la Banda Oriental, por la política de libre comercio y puerto único, promovida desde Buenos Aires. Primero Entre Ríos y después Corrientes, se pronunciaron en favor del caudillo oriental. Artigas exhortó al Cabildo de Corrientes “a que a la mayor brevedad convoque a un congreso provincial”, el objetivo era lograr la autonomía federal de las provincias.
Desde Buenos Aires intentaron un acercamiento con el Jefe de los orientales. Como respuesta Artigas exigió un decreto del Director Supremo restableciendo su buen nombre y honor, el reconocimiento de la autonomía de la Banda Oriental y Entre Ríos, la continuidad del bloqueo a Montevideo por la escuadra de Brown y la conducción de la guerra bajo mando oriental. Posadas rechazó la propuesta, convencido de que la caída de Montevideo era cuestión de tiempo. La capital oriental estaba ya casi sin alimentos debido al bloqueo naval y terrestre y se iniciaban negociaciones para su capitulación. El general Rondeau, jefe del ejército sitiador fue reemplazado por el joven general Carlos María de Alvear, quien llegó a tiempo para recoger los laureles de una victoria que no le pertenecía. El 19 de junio se firmó la capitulación para la entrega de Montevideo. Con la firma de Alvear se aceptaba el reconocimiento del rey Fernando VII como legítimo monarca español y a las Provincias Unidas del Río de la Plata como integrantes de sus dominios. Se establecía que la ciudad sólo era entregada en calidad de depósito, que las tropas españolas serían remitidas a España con víveres provistos por los criollos y que las tropas ocupantes enarbolarían la bandera nacional. El 23, Alvear entró a Montevideo enarbolando la bandera española. Mientras tanto, el gobierno del Directorio enviaba misiones diplomáticas a Londres y a España con dudosas propuestas.
Con Alvear como dominador de la situación en Montevideo, la guerra civil era inevitable. Artigas dio el primer paso para evitarla enviando una delegación a Montevideo para iniciar las tratativas de paz con el general Alvear. No hubo demasiados inconvenientes para llegar a un acuerdo y que Posadas lo aprobara. Se convino que el honor y la reputación del ciudadano Artigas sería reivindicado, que quedaría como comandante de la campaña, que le sería devuelto el regimiento de Blandengues y, a cambio, todo el Uruguay debía reconocer y obedecer al Gobierno Supremo de las Provincias.
Pese al reconocimiento y la rehabilitación del caudillo "al reponerle con todos sus honores y prerrogativas, y confiarle el empleo de comandante general de la campaña oriental de Montevideo”, Artigas siguió siendo un obstáculo para los intereses del Directorio en su afán de consolidar el frente interno sometiendo a aquellos que no acordaban con su política de pacificación con España. Es por eso que, un mes después del acuerdo, fue nombrado gobernador de la Banda Oriental el jefe militar Soler, en cuya designación se aclaraba que se trataba de "precaver los gravísimos males que prepara a la Patria la obstinación del desnaturalizado don José Artigas".
Continuaron las hostilidades contra los orientales. El ejército alvearista, al mando del coronel Manuel Dorrego atacó al coronel Otorgués, segundo de Artigas, en Marmarajá y lo derrotó completamente. Envalentonado por el triunfo sobre Otorgués, el ejército al mando de Dorrego cargó sobre las fuerzas artiguistas de Fructuoso Rivera. El triunfo de los orientales, cerca del arroyo Guayabo, fue aplastante y Dorrego apenas pudo cruzar el río Uruguay con un puñado de sobrevivientes. En un acto desesperado, un nuevo bando del Director Posadas ordenaba que serían "tratados como asesinos e incendiarios" quienes siguieran al caudillo oriental.
Sin embargo, el prestigio de Artigas se extendía más allá del Río Uruguay; en las tropas de Alvear, Dorrego y Soler fueron cosa natural las deserciones a favor de las fuerzas de Artigas.
Mientras tanto, la situación de Alvear se debilitaba; el ejército del Norte al que había sido designado no lo quería, la opinión del país estaba, en general, en su contra frente a sus posturas políticas y España amenazaba con enviar ejércitos para recuperar sus antiguos dominios. Alvear, para tratar de fortalecerse, buscó "restablecer la buena inteligencia entre este gobierno superior y el general Artigas", por eso envió a la Banda Oriental a un comisionado, Nicolás Herrera, con la aparente promesa de entregar Montevideo a las fuerzas del General Artigas.
Claro que esa entrega no iba a ser completa. Previamente la Plaza fue totalmente desmantelada; armas, municiones y pólvora ya no estaban cuando Otorgués se hizo dueño de la ciudad para hacer flamear la bandera "blanco en medio, azul en los extremos, y en medio de éstos unos listones colorados, signos de la distinción de nuestra grandeza, de nuestra decisión por la República y de la sangre derramada para sostener nuestra libertad e independencia" como lo describiera Artigas.
Logrado el objetivo de recuperar Montevideo, Artigas se negó a aceptar un convenio con Alvear, donde el gobierno nacional se disponía a respetar la independencia de la Banda Oriental. El caudillo no cayó en esta nueva trampa del Directorio que lo iba a mostrar dispuesto a desmembrar a la Patria.
La coherencia política de Artigas frente al centralismo porteño, desembocó en la adhesión de Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, Corrientes y Misiones, a la causa del caudillo oriental, formando la Liga de los Pueblos Libres. Artigas fue nombrado Protector de la Liga, y junto a los jefes de esas provincias inició su lucha contra el centralismo del Directorio. La situación del Director Supremo Carlos María de Alvear se tornó insostenible y debió renunciar. En Buenos Aires se produjo una nueva reivindicación del caudillo oriental. Ante la presencia del Director Interino Alvarez Thomas, miembros del Cabildo, jefes militares y gran cantidad de público reunidos en la Plaza de la Victoria, fueron quemados todos los “decretos, bandos y libelos” que se publicaron contra Artigas. Además, se emitió un edicto que reivindicaba al "ilustre y benemérito jefe de los orientales". Estos reconocimientos no alcanzaron. Las relaciones con el nuevo Director Supremo tuvieron el mismo tono de violencia y tirantez que con los antecesores. Así y todo, Alvarez Thomas no intentó someter a la Banda Oriental bajo el dominio de Buenos Aires.
En mayo de 1815, Artigas instaló su campamento en Purificación del Hervidero, sobre el río Uruguay, pocos kilómetros al sur de la actual ciudad de Salto, que se transformó en la capital de la Liga Federal.
Con sus convicciones políticas intactas, Artigas convocó a una reunión de representantes de la Liga de los Pueblos Libres. En junio de 1815, los diputados, representantes de la Banda Oriental, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, Corrientes, y las Misiones llegaron hasta el Arroyo de la China, donde los esperaba el Jefe Oriental para sesionar en lo que se denominó el Congreso de Oriente.
Además de confirmar la vocación por una República Federal, el Congreso de los Pueblos Libres juró declarar la independencia de España e izar la bandera tricolor. Ese mismo año el General Artigas sancionó el memorable Reglamento de Tierras. La defensa del criollo pobre, del negro, del indio, formaba parte del pensamiento artiguista, y el caudillo lo expresó en una frase definitiva: “Los más infelices serán los más privilegiados”. A la democracia política que propugnaba, Artigas agregó, con esta verdadera reforma agraria, un contenido de democracia social y económica, inédito por estas tierras. El propósito fundamental era transformar a la población rural desheredada, esto es los "gauchos errabundos", en pequeños propietarios y por lo tanto libres e independientes. A los indios charrúas se les asignó un territorio para su subsistencia. Es decir, "convertir a un tipo humano noble y vigoroso, pero socialmente infecundo, en un constructor, en el fundador de la familia y de la nación."
Desde Buenos Aires, tanto se convocaba a un nuevo Congreso a reunirse en la ciudad de Tucumán, como, por otro lado, se alentaba la invasión de la Banda Oriental por parte de Portugal para terminar con la influencia de Artigas. Los representantes elegidos en el Congreso de Oriente no concurrieron al de Tucumán, convocado por el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, que terminó declarando la Independencia de las “Provincias Unidas del Río de la Plata”.
De modo que las provincias integrantes de la “Liga de los Pueblos Libres” no fueron tenidas en cuenta por Buenos Aires a la hora de negociar, con el Imperio Portugués y sus representantes en Río de Janeiro, el reconocimiento del nuevo estado independiente. Esta situación permitió un nuevo avance del ejército portugués.
El caudillo oriental se mantuvo firme en su decisión de liberar a su pueblo de la invasión: "Lo que nos interesa es mantener el país libre de semejante tiranía... el enemigo está enfrascado en una guerra de exterminio, cada día tomo mis providencias como para continuar la guerra con mas ardor, aunque un hombre solo me quede con él he de hacer la guerra, no descansaré fatiga, ni sacrificio hasta no ver realizado el objeto de mis afanes". El 2 de noviembre de 1816 escribía esas líneas para finalizar reclamando al gobierno de Buenos Aires la misma energía para "sellar con dignidad esta Grande Obra."
El gobierno de Pueyrredón firmó en diciembre de 1816 un acuerdo con los representantes enviados por el jefe artiguista de Montevideo, coronel Barreiro. El acuerdo establecía el reconocimiento de la autoridad del Congreso y el gobierno nacional, juramento de la independencia proclamada en Tucumán, izamiento de la Bandera nacional, aceptación de la Banda Oriental de ser una provincia más dentro de las “Provincias Unidas” y el envío de diputados al Congreso. El gobierno daría 100.000 cartuchos, 1000 fusiles, 8 cañones, 10.000 kilos de pólvora y 1.000 hombres para su defensa. Pueyrredón quiso declarar la guerra a Portugal, pero el Cabildo de Buenos Aires se lo negó. Lo mismo ocurrió con el Congreso que le ordenó al Director que "no haga declaración de guerra alguna a Portugal", hasta tanto ese cuerpo no se reuniera.
Sea por las presiones del Congreso o de las oligarquías, de ambos lados del Río de la Plata que se oponían al proyecto de Artigas, el Director Supremo Pueyrredón y el Imperio Portugués acordaron la ocupación de la ciudad de Montevideo y se abrió la posibilidad de que la invasión se extendiera a las demás provincias artiguistas.
En 1817 los portugueses entraron a Montevideo y Buenos Aires firmó con Brasil un pacto vergonzoso en el que se comprometió a cederle por un tiempo la Banda Oriental, con la condición de que ellos no apoyaran a la flota que el rey Fernando VII enviaba al Río de la Plata.
La superioridad numérica del enemigo hizo imposible toda resistencia. El coronel Barreiro decidió evacuar Montevideo, en cuya plaza entraron los invasores enarbolando las insignias de la casa de Braganza (Dinastía gobernante en Portugal).
El gobierno del Directorio mas preocupado por mantener las fronteras del norte y el oeste, dejaba librada a su suerte a otra provincia del territorio nacional. Pueyrredón estaba decidido a terminar con la oposición que significaba Artigas. Varias eran las razones: en primer lugar el artiguismo, que había nacido en la Banda Oriental, ya ocupaba la zona Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes. Era la única zona del interior que podía generar riquezas y Buenos Aires quería controlarla para no empobrecerse. Tanto Buenos Aires, como el Litoral, eran las más importantes regiones productoras de cuero y tasajo (carne salada); principales fuentes de ingresos por las exportaciones.
Por otra parte las ideas de Artigas amenazaban el mantenimiento del orden social pretendido por Buenos Aires, ya que este movimiento popular, formado por peones, capataces y pequeños hacendados se había alzado contra los grandes propietarios. Además, Los Pueblos Libres tenían un ejército poderoso y controlaban una región que podía convertirse en otro estado, competidor de la hegemonía de Buenos Aires, con una propuesta política diferente para las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Las tropas brasileñas que ocuparon la Banda Oriental y la traición consumada obligaron a Artigas a abandonar Montevideo.
A fines de 1819, el gobierno central en Buenos Aires fue asumido por Juan José Rondeau, quien comenzó a organizar las acciones tendientes a dominar a las provincias fieles a Artigas. Entonces, la Liga de los Pueblos Libres se encontró entre dos fuegos. En la Banda Oriental, los portugueses, y en el Litoral las fuerzas del Directorio. Artigas entendió que era necesario pasar a la ofensiva atacando a los portugueses que acampaban en Río Grande, a la vez que Francisco Ramírez de Entre Ríos y Estanislao López de Santa Fe unían sus fuerzas para enfrentar a Buenos Aires.
Santa Fe, bajo el mando de Estanislao López había establecido una Constitución de orientación federal y democrática; las mismas ideas eran defendidas en Entre Ríos por Francisco Ramírez.
Las fuerzas federales al mando de López y Ramírez invadieron Buenos Aires y obtuvieron en Cepeda un resonante triunfo sobre las tropas del Directorio, comandadas por Rondeau. Fue el fin del Directorio y del Congreso. Pero Artigas no tuvo la misma suerte; fue derrotado por los portugueses en Tacuarembó y, abandonado por el comandante Fructuoso Rivera, debió cruzar el río Uruguay con un puñado de fieles, e internarse en la provincia de Entre Ríos.
La desaparición del gobierno Central dejó un espacio vacío, pero las provincias seguirían existiendo y proclamándose unidas.
El Cabildo de Buenos Aires reasumió interinamente el mando de la ciudad y provincia de Buenos Aires. Eligió como gobernador a Manuel de Sarratea, quien "el 23 de febrero de 1820 se entrevistó con E. López y F. Ramírez en la localidad de Pilar, provincia de Buenos Aires, firmando el tratado que lleva ese nombre" . En su Artículo primero, el Tratado ratifica la voluntad de las partes "respecto al sistema de gobierno que debe regirlas se ha pronunciado en favor de la federación que de hecho admiten. Pero que debiendo declararse por Diputados nombrados por la libre elección de los Pueblos, se someten a sus deliberaciones...", y más adelante agrega: "Y como están persuadidos que todas las Provincias de la Nación aspiran a la organización de un gobierno central..." Estas líneas del primero de los doce artículos son claras referencias a la voluntad indudable de los caudillos del litoral por conformar una República Federal.
Pero, para el Protector de los Pueblos Libres, la firma del Pacto sin su consentimiento, y que no se haya obligado a Buenos Aires a declararle la guerra a Portugal, fue "la peor y más horrorosa de las traiciones". Francisco Ramírez rompió relaciones con Artigas, pues no aceptaba compartir el liderazgo de su territorio.
Artigas acosado por los portugueses por un lado y por su antiguo aliado, aún conservaba influencia en la Mesopotamia. Para mantener su liderazgo, el 24 de abril de 1820 Artigas firmó con representantes de Corrientes y Misiones el pacto conocido como Liga de Ávalos. Esta alianza ofensiva y defensiva entre las tres provincias ponía en claro las intenciones del caudillo oriental: “reunidas en Congreso para resolver lo más conveniente por sostener la Libertad e Independencia de estas Provincias contra los enemigos exteriores, en orden a los intereses de la Federación y de común acuerdo...” Con este acuerdo, Artigas siguió manteniendo el reconocimiento de su liderazgo político y militar y no abandonó sus principios federalistas como lo expresaba el artículo quinto: “Las provincias de la Liga no pueden ser perjudicadas ni en la libre elección de sus Gobiernos, ni en su administración económica según los principios de la Federación.”
Dos meses después de este acuerdo, las tropas de Ramírez comenzaron su acoso contra Artigas y luego de sucesivas batallas el jefe Oriental fue vencido el 24 de julio de 1820 en Ávalos (Corrientes). Viendo que su causa estaba perdida y para evitar mayor derramamiento de sangre entre hermanos, Artigas disolvió su tropa y el 5 de septiembre de 1820 cruzó el Paraná. Buscó asilo en Paraguay, dejando atrás su patria y su familia.
Gaspar Rodríguez de Francia, gobernante de Paraguay, le dio refugio, pero Artigas no podía mantener correspondencia con nadie fuera de ese país. Su único acompañante durante el resto de su vida fue el “Negro Ansina”, leal compañero de sus luchas. Artigas se dedicó a la agricultura como medio de vida y como había hecho con los charrúas de su tierra natal, se ganó la estima de los indígenas del Paraguay, quienes lo llamaban “Karaí – Guazú”, Gran Señor y Padre de los Pobres.
"Ya no tengo patria" exclamo Artigas al enterarse de la independencia de su amada Banda Oriental.
Después de treinta años de exilio, Artigas falleció el 23 de septiembre de 1850 a los 86 años de edad y cinco años después sus restos fueron repatriados.
Sus cenizas se encuentran depositadas en el Panteón Nacional de Uruguay, en un mausoleo construido en su honor.
“En Artigas está el germen de todas las soluciones nacionales: independencia política y económica, federalismo, unión rioplatense, mercado regional, progreso armonizado con la tradición, democracia” .
Discurso inaugural de Artigas al Congreso de abril de 1813
“Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana.”
“Ciudadanos: El resultado de la campaña pasada me puso al frente de vosotros por el voto sagrado de vuestra voluntad general. Hemos recorrido 17 meses cubiertos de la gloria y la miseria, y tengo la honra de volver a hablaros en la segunda vez que hacéis uso de vuestra soberanía. En ese período yo creo que el resultado correspondió a vuestros designios grandes. El formará la admiración de las edades. Los portugueses no son los señores de nuestro territorio. De nada habrían servido nuestros trabajos, si con ser marcados con la energía y constancia no tuviesen por guía los principios inviolables del sistema que hizo su objeto.
Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana. Vosotros estáis en el pleno goce de vuestros derechos: ved ahí el fruto de mis ansias y desvelos, y ved ahí también todo el premio. Yo tengo la satisfacción honrosa de presentaros de nuevo mis sacrificios y desvelos, si gustáis hacerlo estable. Nuestra historia es la de los héroes. El carácter constante y sostenido que habéis ostentado en los diferentes lances que ocurrieron, anunció al mundo la época de la grandeza. Sus monumentos majestuosos se hacen conocer desde los muros de nuestra ciudad hasta las márgenes del Paraná. Cenizas y ruinas, sangre y desolación, he ahí el cuadro de la Banda Oriental, y el precio costoso de su regeneración. Pero ella es pueblo libre.
El estado actual de sus negocios es demasiado crítico para dejar de reclamar su atención. La asamblea general tantas veces anunciada empezó ya sus sesiones en Buenos Aires. Su reconocimiento nos ha sido ordenado. Resolver sobre este particular ha dado motivo a esta congregación, porque yo ofendería altamente vuestro carácter y el mío, vulneraría enormemente vuestros derechos sagrados, si pasase a decidir por mí una materia reservada sólo a vosotros. Bajo ese concepto, yo tengo la honra de proponeros los tres puntos que ahora deben hacer objeto de vuestra expresión soberana.
1º. Si debemos proceder al reconocimiento de la Asamblea General antes del allanamiento de nuestras pretensiones encomendadas a vuestro diputado don Tomás García de Zúñiga.
2º. Proveer de mayor número de diputados que sufraguen por este territorio en dicha asamblea.
3º. Instalar aquí una autoridad que restablezca la economía del país.
Para facilitar el acierto en la resolución del primer punto, es preciso observar que aquellas pretensiones fueron hechas consultando nuestra seguridad ulterior. Las circunstancias tristes a que nos vimos reducidos por la expulsión de Sarratea, después de sus violaciones en el Ayuí, eran un reproche tristísimo a nuestra confianza desmedida, y nosotros cubiertos de laureles y de glorias, retornábamos a nuestro hogar llenos de la execración de nuestros hermanos, después de haber quedado miserables, y haber prodigado en obsequio de todos quince años de sacrificio.
El ejército conocía que iba a ostentarse el triunfo de su virtud, pero él temblaba por la reproducción de aquellos incidentes fatales que lo habían conducido a la Precisión del Yí; él ansiaba por el medio de impedirla y creyó a propósito publicar aquellas pretensiones. Marchó con ellas nuestro diputado. Pero habiendo quebrado la fe de la suspensión el señor de Sarratea, fue preciso activar con las armas el artículo de su salida. Desde este tiempo empecé a recibir órdenes sobre el reconocimiento en cuestión.
El tenor de mis contestaciones es el siguiente:
Ciudadanos: los pueblos deben ser libres. Ese carácter debe ser su único objeto, y formar el motivo de su celo. Por desgracia va a contar tres años nuestra revolución, y aún falta una salvaguardia general al derecho popular. Estamos aún bajo la fe de los hombres y no aparecen las seguridades del contrato. Todo extremo envuelve fatalidad; por eso una desconfianza desmedida sofocaría los mejores planes; ¿pero es acaso menos terrible un exceso de confianza?
Toda clase de precaución debe prodigarse cuando se trata de fijar nuestro destino. Es muy veleidosa la probidad de los hombres, sólo el freno de la constitución puede afirmarla. Mientras ella no exista, es preciso adoptar las medidas que equivalgan a la garantía preciosa que ella ofrece. Yo opinaré siempre, que sin allanar las pretensiones pendientes, no debe ostentarse el reconocimiento y jura que se exigen. Ellas son consiguientes del sistema que defendemos y cuando el ejército las propuso, no hizo más que decir, quiero ser libre.
Orientales: sean cual fuesen los cálculos que se formen, todo es menos temible que un paso de degradación, debe impedirse hasta el que aparezca su sombra. Al principio todo es remediable. Preguntáos a vosotros mismos si queréis volver a ver crecer las aguas del Uruguay con el llanto de vuestras esposas, y acallar sus bosques el gemido de vuestros tiernos hijos;
paisanos: acudid sólo a la historia de vuestras confianzas. Recordad las amarguras del Salto; corred los campos ensangrentados de Bethlem, Yapeyú, Santo Tomé y Tapecuy; traed a la memoria las intrigas del Ayuí, el compromiso del Yí, las transgresiones del Paso de la Arena. ¡Ah, cuál execración será comparable a la que ofrecen esos cuadros terribles!
Ciudadanos: la energía es el recurso de las almas grandes. Ella nos ha hecho hijos de la victoria, y plantado para siempre el laurel en nuestro suelo. Si somos libres, si no queréis deshonrar vuestros afanes cuasi divinos y si respetáis la memoria de vuestros sacrificios, examinad si debéis reconocer la asamblea por obedecimiento o por pacto. No hay un solo motivo de conveniencia para el primer caso que no sea contrastable con el segundo, y al fin reportaréis la ventaja de haberlo conciliado todo con vuestra libertad inviolable. Esto ni por asomo se acerca a una separación nacional; garantir las consecuencias del reconocimiento no es negar el reconocimiento, y bajo todo principio nunca compatible un reproche a vuestra conducta, en tal caso, con las miras liberales y fundamentales que autorizan hasta la misma instalación de la asamblea.
Vuestro temor la ultrajaría altamente y si no hay motivo para creer que ella vulnere nuestros derechos, es consiguiente que tampoco debemos tenerle para atrevernos a pensar que ella increpe nuestra precaución. De todos modos es necesaria. No hay un solo golpe de energía que no sea marcado con el laurel. ¿Qué glorias no habéis adquirido ostentando esa virtud?
Orientales: visitad las cenizas de nuestros conciudadanos; ¡ah! ¡qué ellas desde lo hondo de sus sepulcros no nos amenacen con la venganza de una sangre que vertieron para hacerla servir a nuestra grandeza!
Ciudadanos: pensad, meditad y no cubráis de oprobio las glorias, los trabajos de quinientos veintinueve días en los que visteis la muerte de vuestros hermanos, la aflicción de vuestras esposas, la desnudez de vuestros hijos, el destrozo y exterminio de vuestras haciendas, y en que visteis restar sólo los escombros y ruinas por vestigios de vuestra opulencia antigua. Ellos forman la base del edificio augusto de nuestra libertad.
Ciudadanos: hacernos respetables es la garantía indestructible de vuestros afanes ulteriores por conservarles.
A cuatro de abril de mil ochocientos trece. Delante de Montevideo. José Artigas

